- Comic-books dedicados a la historieta negra (con relativo triunfo del mal y villanos como protagonistas).
- Comic-books especificamente infantiles, o inspirados en dibujos animados.
- Comic-books de historietas del Oeste norteamericano.
- Femeninas pra adolecentes.
- Comic-books de superhéroes.
Enfrentado a este amplio material, nuestro personaje no intentará posiblemente apartar a su hija de su lectura, como lo hubiera hecho si la escena se hubiera desarrollado apenas una generación atrás. Liberado de las manías pedgogizantes de sus mayores, es decir, de algunass de ellas, este Lector Adulto de Clase Media (convengamos en llamarlo L.A.C.M.) recorrerá con serenidad el panorama completo y no ofreceráa su hija únicamente revistas instructivas; también; también la tentará desprejuiciadamente con las aventuras de "La Pequeña Lulú", "Periquita", "Tom & Jerry", "Henry", "Lorenzo y Pepita", "Superman"...
¿"Superman"? El LACM no es del todo apolítico ni del todo ingenuo y ha intuido l
o que los contenidos de esta historieta tienen de insistentemente conservador. Hasta puede haber Leído algún trabajo sobre el tema,en el que se explique que en esta historieta "todo el mal consiste en atentados a la propiedad privada, y el bien sólo se logra a través de la caridad". Además la hija del LACM le ha manifestado últimamente muy a las claras su preferencia por las revistas femeninas o específicamente infantiles, pero escluyendo las policiales o de superhéroes que considera "para varones" (asesorado psicologicamente, el LACM ha aceptado con buen humor esta etapa en los gustos de su hija, con algún pequeño sobresalto cuando la descubre leyendo, antes que "La Pequeña Lulú", las historias de "Archi", con adolecentes enloquecidas por los muchachos atléticos).
Pero entonces, si el LACM entiende, si el LACM acepta... ¿por qué esa ingenua tentativa de imponer a la niñez una lectura que en un momento determinado rechaza, y que además - se trata de "Superman"- él mismo considera desdeñable?
Basta adivinar: en el fondo, al que le sigue gustando "Superman" es a él. Pero no es lo mismo que adivinarse, y el LACM le cuesta saber cosas acerca e sí mismo, por eso, después de haber comprado para su hija historietas de "Lulú" y de "Charlie", compra para sí, austeramente, el diario.
Pero antes de llegar al andén pide a la niña que lo espere, vueve y compra un anuaario dde historietas de cien páginaas, con relatos acerca de personajes parecidos a "Supermaan" y también con otros de tipo realista, humorístico, gauchesco... Su actuación no lo ayuda a entender el por qué de su pretensión de obligar a su hijita a la compra de "Superman"; como poco tiempo atrás se había registrado en su país una ola de artículos sobre historietas en diarios y revistas, motivados por una exposición sobre el género, cree sinceramente que, en relación con este fenómeno, lo guía solamente un interés crítico, o de conocimiento.
El ablandamiento experimentado por nuestro LACM en relación con la posibilidad de leer historietas -podemos imaginar que en otra época de su adultez se resistió duramente a su consumo, excepión hecha de las manifestaciones más intelectuales del género- es el resultado de un proceso más bien reciente. Por un lado, incidió en su actitud la aparición de historietas decididamente orientdas hacia una lectura reflexiva, como "Peanuts" ("Rabanitos" o "Carlitos" en español) o como las secuencias de Feiffer. Por otro, la difusión de corrientes pictóricas, gráficas y publicitarias (entre las primeras, la del arte "pop") que rescataron, para una mirada "culta", las imagenes de las tiras cómicas.

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